Inicio LUIS SORAVILLA > Otras letras > Cuentos > Puse tu nombre a una estrella

las penas. A veces, no sé qué hacer y voy a verlo. Me siento bajo sus ramas y me dejo llevar. Lee conmigo, comparte mis ideas, inspira mis cartas. Llama al viento y me susurra una canción. Danza. Otras, una avecilla pía entre sus ramas. Sus hojas cubren el suelo en otoño y sus ramas recogen la nieve del invierno. sé cuándo llega la primavera porque el árbol se vuelve alegre. Comienza por sacudirse la nieve, juguetón. Luego, ¡si vieras qué flores!...

Cuando nos dijimos adiós y volví a mi ciudad, faltaba muy poco para el invierno. Yo

estaba muy triste. El sol se escondía cada vez más y más aprisa. Hacía frío. Una noche, volviendo a casa sola, ¡qué tontería!, me puse tan triste que lloré. Me llegué al árbol y me senté en una de sus raices, esperando que me pasara.

No sé cuánto rato estuve allí, tapándome la cara, llorando como una idiota. Entonces, el árbol agitó sus ramas desnudas. Levanté la vista y miré al cielo. La noche era clara, despejada y fría. Miríadas de estrellas brillaban en lo alto. Pero no soplaba el viento. El árbol crujió. Una de sus ramas se agitó, levemente.
VOLVER


Si no fuera por el frío, hubiera dicho que aquello fue un sueño. La rama señalaba una estrella, una pequeña y solitaria estrella. ¿Será verdad lo que dicen de las estrellas? ¡Pobre, tan sola!...

Bajo sus ramas, le puse tu nombre a una estrella.

Barcelona, abril de 1992.

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