| Inicio LUIS SORAVILLA > Otras letras > Cuentos > La caricia |
| La
caricia Es un cuento cargado de viejos recuerdos. veces, pienso que vivir es un poco como viajar en tren. Ya sabes: la vía que no sabes dónde empieza, ni dónde demonios acaba, y tú, encerrado en un vagón, viendo cómo el paisaje viene y se va, apenas un instante. Si meditas un poco, la comparación no deja de resultar inquietante. La vía, jugando a ser tu destino, y la vida, allá afuera, al otro lado de la ventana, huyendo a toda velocidad sin que puedas atraparla, como no sea en un |
oscuro rincón de tu memoria, donde se convierte en algo tan etéreo como un sueño. El señor Heráclito, que era griego, y filósofo, dijo que la vida —el universo, el cosmos, algo más general que lo que yo andaba diciendo— era como un río, que fluye y fluye y es siempre el mismo río, o un río diferente. Si el señor Heráclito hubiera viajado en tren, creo que habría añadido la metáfora del tren a sus teorías. Viajo poco, pero los trenes siempre me han fascinado. Cuando era tan pequeño que daba la mano a mi padre levantando el brazo, muchos |
![]() |
sábados por la tarde íbamos los dos a la Estación de Francia, en Barcelona, para ver salir a los trenes, que decía él. Yo, tan pequeño, y aquellas locomotoras verdes tan, tan grandes, y esos trenes largos, largos, tan largos que no se acababan nunca, verdegrises, y aquellos exquisitos vagones-restaurante pintados de azul con ribetes dorados, y, al final, aquellos furgones de correos… Recuerdo haber viajado en un larguísimo expreso tirado por dos locomotoras de vapor, tan negras como el humo que dejaban a su paso, y una niebla me oculta el recuerdo de haberlas visto finalmente |
Biografía |
Obras Otras letras Miscelánea |
Sugerencias Prensa Opinión |
|
|||||||||||